vendredi 17 mai 2013

La Restauradora

Os pido de darme vuestro parecer pero ¿Cómo vais a darme vuestro parecer sobre algo que no habéis leído? por esa razón voy a descargar trozos de mi novela, espero que os guste.

                                 


 Capitulo 1º

Nunca podré olvidar aquel primer día en que llegué al páramo dónde se encontraba aquella casona dónde  iba a transcurrir mi vida a partir de aquel instante. 

Llegué al atardecer a una pequeña estación dónde me esperaba un coche, del cual se apeo un señor mayor de mirada bondadosa y pelo cano. Se acercó a mí diciendo: Buenas tardes señorita, me llamo Oscar y he venido a buscarla para llevarla a la mansión, ¿ha tenido buen viaje? Quiere seguirme por favor, pues tenemos un buen trecho todavía. Me acomodé en el coche y Oscar guardó mi equipaje.

Después de unos minutos le pregunté - ¿A cuantos kilómetros estamos de la finca? - Oscar me contestó con voz tranquila y cariñosa que en realidad la mansión estaba a unos ocho kilómetros del pueblo y el apeadero a unos quince. Después de un último recorrido por el bosque llegamos a una explanada y ahí estaba la mansión, la que iba a ser mi nuevo hogar durante un cierto tiempo.

Fui terriblemente impresionada por aquella construcción, más bien parecía una vieja fortaleza que una casa de campo.  No se encontraba muy lejos de la costa y posiblemente por esa razón y, para protegerse del aire frío y húmedo que venía del oeste las ventanas que se encontraban en este lado de la casa eran igual de estrechas que las que daban al norte.

Aquel día el tiempo era muy desapacible, el cielo estaba cargado de gruesas nubes y la lluvia amenazaba desde  mí salida de Paris.

El coche se paró delante de la entrada, cuatro anchos escalones conducían a una imponente puerta claveteada de la cual colgaba una vieja aldaba. Me baje del coche y me acerque sobrecogida a la puerta de entrada, pues tuve la sensación que la mansión me observaba y que las angostas ventanas parecían ojos vigilándome.

Subí los escalones, me acerqué a la puerta  y con mano firme como para convencerme yo misma de que no tenía miedo ante lo desconocido, aunque me preocupaba lo que iba a encontrar detrás de esa puerta, sacudí la aldaba. El ruido se repercuto en el interior de la casa. Me estremecí y súbitamente sentí frío. Unos minutos más tarde la puerta se abrió.

Ante mí se encontraba una vieja sirvienta de cara arrugada, y de pelo gris a la cual no se la podía dar una edad, pero lo que más llamaba la atención era su mirada, pues a pesar de ser acogedores sus ojos eran lo más parecido a un lago, tenían un color verde profundo y cuando te miraba daba la impresión que te sumergías en el agua. Parecía sorprendida de no ver a Oscar a mi lado.

Buenas tardes señorita Da Silva, la señora la está esperando en la biblioteca, venga conmigo por favor. Cruzamos el recibidor que era inmenso y al cual daban varias puertas de cada lado de una inmensa escalinata que llevaba a la galería del piso superior. Atravesamos el recibidor y nos dirigimos hacía la tercera puerta de la derecha, después de llamar la sirvienta abrió con mano firme echándose a un lado para dejarme pasar al mismo tiempo que me anunciaba a Madame de Beaumont. "Señora ha llegado la señorita Da Silva". En ese preciso momento el reloj de la entrada dio las cinco.




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